Bibliotecas
Cuando leí La Casa de Papel de Carlos María Domínguez me sentí muy interpelado en un pasaje donde el personaje relata que cuando tiene invitados e, inevitablemente en el momento en que se distrae (para ir al baño, a calentar la pava para el mate o otra cuestión) se encuentra con su visita de frente a su biblioteca con la cabeza hacia un lado, leyendo los títulos de los libros. Debo confesar que soy de aquellos que hacen un "escaneo". Es irresistible, y por varios motivos: la más obvia, porque nos puede decir mucho de su dueño (por los libros que tiene, por lo que leyó, por lo que tiene y no leyó, por los que tiene solo para ostentar), pero también porque no existen dos bibliotecas iguales, porque un libro suele disparar una conversación (o cambiar el tema de la existente), o porque -secretamente- buscamos algún libro que nunca pudimos encontrar y a la búsqueda nada lo detiene. En ese punto quiero detenerme, porque el choreo de libros es una práctica limítrofe con la búsqu...